Silvia Verónica. Foto: Miguel Asa
Silvia Verónica
Zapopan, Jalisco, México

A que llegue el destino

Esperamos.

Destinado a encontrarnos se calza, toma un coche. Sube al ferry. Vuela.  Aborda un autobús. Desciende. Se pierde en la vereda, alarga la mirada.  Renueva la memoria. toma un descanso.

Llora.

Resuelve la angustia. Se levanta. Ojea a su alrededor. Gira, gira, otra vez. Avanza. Retrocede. El sonido lo aturde. Llega a un cruce. Se para frente al reflejo. Observa el caer de las hojas. El cielo. Le pica los ojos al viento. Encuentra un presentimiento. Un silencio. Se oscurece.

Estira la mano destinada a hacer sonar el timbre destinado a hacer vibrar el destino. El destino incierto y repentino se convierte en lluvia, cae sobre la puerta destinada a truncarlo, se desliza. Hasta la última gota se arrastra sobre la banqueta. Se abraza a un barquito de papel o quizá es solo un boleto de camión.

Pasa junto al pasto, teme ser cortado. Estrujado. Teme evaporarse. Cae por la alcantarilla. Navega con otros destinos. Se ilusiona. Piensa en el tiempo. Se Imagina otro.       Abre el círculo.     Se ve          junto a otros destinos que no saben nadar, que son lágrimas, que se ahogan.                   Incierto y temeroso, destinado a la pérdida, se une al mar.   Se golpea contra una roca.

Naufraga.

                                                                                Se hunde.
Construye un velero.
Habla con la arena. Discute con los peces. Dialoga con el eco.
Le brillan los ojos.
Aprende a pescar. A pelear con lobos. A reír solo. A dormir sin cenar.
Destapa una cerveza. Estira los pies.
                                                                                Espera
frente a la luna,
                                sobre su balsa,
                                                           entre el silencio
                                                                                            espera.

Ajijic

Hoochie Coochie Man

Ajijic nos pertenecía

vivíamos

tardes
calles, bares, aquel sueño con su lago
flotando sobre patos
al sonido del blues
al compás del temor y la promesa de perdernos
bésame mucho
hasta que eso suceda
hasta que eso suceda

llegó el después

futuro temerosamente esperado
vistió los ojos el agua.

en nuestras perversiones anclamos
como tabla de salvación.

Pero sabes que soy él
todo el mundo sabe que soy él
en la séptima hora,
en el séptimo día
en el séptimo mes,
siete médicos dicen
nació para la buena suerte,

la canción termina, apagas el micrófono
y ni Muddy Waters puede salvarnos.

En las madrugadas despierto

Despierto
Sacudo las manos
sobre mi cabeza
frente al rostro
muevo las sábanas
abaniqueo con ellas
prendo La Luz
observo
Apago La Luz
silencio
Prendo La Luz
contemplo
Apago La Luz
Giro 
me convenzo
también voló.

La soledad

Soledad
para no caer
en la angustia de lo certero del amor.
Mientras en la espalda hacen changuitos
los dedos, abriendo el futuro del corazón.
Infeliz de sonrisa enamorada
que ha sido
mujer
hombre
perro
lobo
nahual
aullando a la muerte
deslizando a la niña blanca
maserati de los malditos
recuerdos
botella vacía
el alma, perra
nostalgia hambre que
nos hace caer una y otra vez y de nuevo caer
en el cliché. Pero quién no ha sido
hombre
mujer
Nahual
lobo
perro
enamorado, aullando a la novia
fiel para no sentir
la soledad.

Minerva

Minerva pregunta:
¿Por qué si es navidad, no nieva?
Yo pregunto por el príncipe azul.
Minerva tiene cuatro años
Yo la desilusión del sigloveintiuno

Ella dice al perro
si te portas bien
vamos a regalarte un perrito niña.
Yo me emociono y me porto mal.
La nena tiene cuatro años
yo la sonrisa reparada tras el tiempo.

Minerva aprovecha cada día
la oportunidad para tocar mi barriga
preguntar: ¿cuándo tendrás un bebé?
Tiendo a responder: no sé
algunas veces, las menos
le he dicho: no tendré.
A veces quisiera explicarle el deseo,
la imposibilidad
la dificultad del uno más el otro
los corazones distantes, ajenos
aunque lo intento
intuyo
no se lo hago saber
no logra comprender
pues su curiosa inocencia siempre pregunta:
¿Cuándo tendrás un bebé?
Minerva tiene cuatro años.
Yo la nostalgia del tiempo en el vientre.

Silvia Verónica (1987. Paseos del Briseño, Zapopan, Jalisco, México). Poeta, psicóloga, psicoanalista y locutora. Autora de Zancudo (2021), ha participado en publicaciones colectivas como Permiso para escribir; miradas panópticas a la Literatura Penitenciaria (2024), Lunario México (2023) y Vote poesía (2024), así como en la serie de fanzines Los locos llegan solos (2017, 2018). Desde 2023 desarrolla poesía escénica en proyectos como Tejiverso y Cada verso con su loca. Hace radio como periodismo cultural.