
No sé cómo
cerrar el día / La sombra
cae sobre la sombra de las cosas
y yo lo que quiero es un minuto más
antes de que encanezca
el mundo o las ganas de vivir
Pienso en llamar
a mi padre que no se entera
de la pluma que injerta
color en mí, aunque el tono de la sangre es gris
y nos conecta a través de las ganas
de olvidarnos de lo cálido
Padre e hijo: rocas
condenadas al oficio de morir
de nueve a cinco
sin tomar el tiempo de apreciar
las cosas de aquí abajo
La mano que saluda
El vaso que me hidrata
La tarde que pauta un latir
Lo vivo que a pesar de la muerte
no se muere
Sombra y noche
eclipsan las ganas y me quedo
solo en casa
de nuevo
con la duda
A veces le temo a la bodega
porque de reojo puedo ver
cómo una caja de zapatos
vomita con desprecio
la rebobinadora
roja y sucia de tiempo
Turbo deportivo que regresa
el pasado con su inocencia
finisecular
Y yo que no quiero
enfrentarme a un rostro
desconocido
sin lentes que alteren
su percepción del mundo
Hay claridad en la pantalla
a pesar de la tormenta
de arena VHS
Pero el Camaro
que también es máquina del tiempo
me regresa hacia otros cumpleaños
cuando fui más
triste/amado/solitario/inconsciente
y bajo la lupa de los días
las ilusiones perdidas
cobran mayor
nitidez
Hoy
esta recámara de paso
está triste y se muere de pena
me lo confiesa con un hongo en el techo
El ventilador que tira aire caliente
esconde un lamento
viene de la alcantarilla en la regadera de un baño
cancelado
Yo creo que llora la pena de
ver al mundo pasar la noche
tumbado sobre esa cama
vieja con la mirada
perdida en la mancha de humedad
La misma historia con otro rostro
sin embargo, siempre
con la mirada puesta
en la mancha
La recámara se lamenta
porque el mundo se lamenta
por haberse quedado sin hogar
Y esconde las penas
con un levantón de carretera
mientras la mancha desde el techo
le juzga porque una vez más quiere
jugar a la casita
cuando realmente
vive en ruinas
De la música heredaste
a tus vástagos
el grito
Tú quebrantaste
las fronteras con tal de ver
en carne propia
el hechizo en las caderas
de una estrella de rock
sobre el escenario
descifraste el canto de ese enigma
que no es hombre ni mujer
El resto no entendió
la esencia salvaje
tu verdadera herencia
esa que cada maullar
y cada ladrido
en las cuadras del centro
lanzan los hombres
que se saben desnudar
sin miedo
Lo secreto
se escapa de mi boca
cuando los labios no saben detener
la revolución que provoca el crucero
de miradas
ser quieto
o lo pretendes, aunque
el aleteo
sincopado en la nariz
desvela
que tú también sientes la tensión
prolongar el tiempo
se cree discreto
cuando la fricción
entre los dientes
produce chispas
mientras el sudor se suma
a los vapores en la carne
del hombre
Sé que lo reto
o mejor dicho
con el humor
retamos a las bestias
que se cuelan
en los poros hasta sorprender
a la razón que con las babas
se desvanece
Rubén Gil (1989. Centro, Xalapa, Veracruz, México). Poeta, ensayista y docente. Actualmente es doctorando en Humanidades además de contar con estudios en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara y una maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato. Ha coordinado los libros Germinario. Muestra poética de estudiantes de Escritura Creativa (2024), Este miedo que me aplasta. Muestra de literatura de horror escrita por jóvenes creadores (2024) y Zurita, una cartografía poética (2018). Es autor de ensayos en Erradumbre (2021), Desde las palabras del yo: estudios de escritura autobiográfica mexicana (2022) e Indagaciones alrededor de las literaturas del yo (2018). Su poesía ha sido incluida en las antologías Mar de voces (2022 y 2023) y en la revista Abisinia Review.