Raúl Aceves. Foto: Miguel Asa
Raúl Aceves
Guadalajara, Jalisco, México

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El viento convierta los granos de agua en elegantes y poderosas dunas marinas, que llena de zozobra las embarcaciones y de espejos solares la sensible piel oceánica. En la bitácora se anotan las borrascas y vendavales que acechan como mortíferas bestias de las profundidades el sereno viaje de los veleros hacia el hondo puerto del abismo.

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La luna mete sus pies descalzos dentro del agua, y se le dibuja una sonrisa sutil. Luego se duerme a la orilla del mar, sobre el blando lecho de la playa, y sueña con fragatas que llegan con las velas desplegadas y rojos marineros solares, acaso piratas ávidos de su belleza plateada. La luna, como fruta nueva del árbol del aire, se desnuda como hada nocturna en el bosque de las miradas.

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A veces se confunde el jolgorio con la felicidad, el ruido con la alegría, el deseo con el amor. A veces nos subimos al tren equivocado y nos bajamos en la estación desconocida, o mandamos una carta al domicilio inexistente, o llegamos tarde a la cita con el destino. Errar es humano, errar es cotidiano, errar es necesario; de ahí la dicha de tener algunos aciertos que nos asombran y desconciertan, como si a veces lográramos ser más que simples humanos.

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Las palabras sueñan cosas que suceden en el reino de las palabras, y esos sueños son extensiones de otros sueños tan antiguos como el Paraíso original, donde fueron inventados los modelos de todos los sueños por venir. Por eso las palabras sueñan: para asegurar que nunca se pierda la memoria del Paraíso primordial.

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Cuando comienza a ser poema la frase dentro de la neblina, se adivina, se descubre, se persigue a sí misma, como carne de su alma estremecida, como espejo de su misterio próximo. De inesperada manera vuela hacia su destino, hasta amar su propia voz y su vuelo solitario, absorta en el placer de la sorpresa de árbol que grita su nombre de pájaro. Con su rostro todavía indeciso en la penumbra de la flecha, instala su morada en las grietas bajo los tejados del cielo, como llamarada que anida con alas de luminosa golondrina.

La nave de los sueños (Mano Santa Editores, 2022)
 

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Para andar en bicicleta
trepársele como si fuera un burro sabio
una mujer ladina
un viento con manubrio
una prisa con ponchadura
doble sol con pedales
una escalera horizontal
Como si fuera, no como si viniera
y pedalear tan sólo hacia el futuro
y darle de almorzar, porque con el ejercicio
se nos puede enflacar
No cualquiera puede andar en bicicleta,
tan sólo el que la tiene debajo de sus piernas
y los pedales debajo de las ganas:
en torno de sí un aire
le va abriendo sus puertas.

La mirada del camaleón (Ediciones Arlequín, 2002) 

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Los transparentes
Sólo los desnudos nos podemos amar
en el totalmente desnudo.
En el amor sólo cabe lo amado,
su presencia total.
Sólo desnudos somos
tan sólo lo que somos.
Sólo desnudos sabemos
cuán solos estamos.
Sólo desnudos nos convertimos
en aquello que logramos amar.
Sólo desnudos comenzamos
a ser transparentes.

La mirada del camaleón (Ediciones Arlequín, 2002)
 

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La Naturaleza tiene su propia oficina de patentes:
ahí están registrados
todos los inventores no humanos.

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No podemos amar aquello
de lo que no nos podemos separar, pues en el amor
más que de la unión,
nace de la tensión aliviada de la separación.

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Tal vez nunca dejamos de ser forasteros
para nosotros mismos, seres misteriosos y extraños
que no terminamos de explorar.

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Método radical para llegar a lo Real:
destruir todas las formas,
hasta llegar a la forma indestructible.

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Su supiéramos qué es la poesía
ya no tendríamos la necesidad de escribirla.

Aforismos y desaforismos (Amaroma, 1999)

Raúl Aceves (1951. Santa Tere, Guadalajara, Jalisco, México) Poeta y ensayista. Estudió Psicología en el ITESO y fue profesor-investigador en el departamento de Estudios Literarios del CUCSH de la Universidad de Guadalajara (UdeG), donde también impartió la licenciatura en Escritura creativa. Su obra abarca poesía, aforismos, minificción, cuentos, traducciones y ensayos críticos sobre literatura, chamanismo y etnopoética. Entre sus títulos destacan Cielo de las cosas devueltas (1982), Aforismos y desaforismos (1999), La mirada del camaleón (2002), Más allá del más acá (2008), La lotería del milagro (2014) y Poesía y chamanismo (2017). Ha colaborado en medios como El Informador, Tierra Adentro y Tinta. Reconocido con el Premio Juegos Florales Amado Nervo (1995) y el Premio Jalisco de Literatura (2020), hoy se encuentra jubilado y dedicado a escribir.