Paúl Martínez. Foto: Miguel Asa
Paúl Martínez
Lagos de Moreno, Jalisco, México

Dado a luz

I
Volver a la suave recurrencia de la luz.
Como un semáforo que otorga el paso a los sentidos.
Ahora te colma la frescura de este aire nuevo, inédito, recién parido por el árbol.
Se llenan tus oídos de voces nuevas, pájaros, perros, el gato de la casa.
Los vecinos duermen todavía, carraspean por hablar,
o comienzan a inventar las cosas,
en el piso de abajo, Lucía acaba de nacer la mesa, la escalera y un vaso de agua.
Volver así, a la suave recurrencia de nacer, como una buena costumbre, todas las mañanas.

La escafandra

I
Acariciar la delicadeza de la uña,
imaginar su herencia infinita, su mutación de topo.
Ser con ella la lisa llanura donde se aniquilan los piojos del hambre,
piedra de sacrificio, escondrijo de la paz.
De los pies la uña es la necia costumbre de movernos.

II
Una vez de pie, hendir la uña en la costumbre de la piedra,
rascarle la panza, buscarle la cosquilla,
animarle a sacar sus polvorientos siglos a la luz del sol.

Acostumbrarse lentamente a la ceguera, acatar las instrucciones.
Establecer el orden en que se nombrarán los peldaños de la escalera.
Todo esto es indispensable para sobrevivir a la ceguera.

Instrucciones para la caída

I
Aletear con fuerza desmedida,
ser un ángel lleno de espadas,
el Salto es la inigualable certeza de saber el secreto que te guardas.

II
Dobla este día por la mitad,
en su centro brota el germen de una nueva boca
y de la boca nace lentamente la espina de un estómago.
Atigrada, la boca marca con sus dientes nuevos y blancos
el paso de los días, como si fueran uñas acompasadas.

III
Dobla en su centro los trecientos días del resto de esta vida,
como un espejo infinito que por contracara se tiene a sí mismo.
 

Silencios

I
Todo inicio es un silencio
Retornas de golpe a la ceguera de lo incognito
oscuro el centro, no hay horizontes posibles.
¿Cómo se inventa la nada cuando nada se ve?
No hay retórica en tus preguntas
nacen de la certeza de no saber.
Preguntas con la inocencia por delante,
como un nuevo niño, de treinta y cinco años.

La Entrega

I
Entrego la voz y mudo asisto a los rituales
Ofrendo en silencio mis manos, mis pies, la ternura de mis ojos

No hay más allá de quien en sí no se ha reconocido
No hay más allá, el misterio desdeña toda explicación.
Solo espejo y prójimo,
La distorsión de ver a detalle todos mis elementos
Exceptuando el miedo.
Solo espejo y distorsión, desando los caminos, destejo lentamente la figura del futuro,

Vaciar más que saciar, soltar más que asir

II
La distraída furia ha dado a luz, no las simples armas de antaño,
Pero la profunda idea.
Entregar las armas para recibirlas.

Todo Logos nuevamente recién nacido,
Nuevamente la ruda explicación del mundo,
Idiota y falto, extraviado, sin oriente o norte.
Otro, absoluto y sordo, idiota niño.

III
Abierto apenas a una salida, a la única posibilidad de estómago,
Nacer flor o no nacer en absoluto
Nacer idiota y nuevo,
nacer encierro doloroso en los huesos enemigos

Despertar en cuerpo original,
Sostenido de la mano del invasor,
Ser el arma que apunta a mis hermanos,
Despertar en la contradicción de este idioma ajeno,
Finalmente despertar.

IV
Figura de todo es mi extrañeza,
Paso y timón que se adelanta
No brújula pero el color militar de la montaña.

Entregar las armas para recibirlas.
Lo ajeno y lo propio son mezclados,
No es la historia ni mi historia,
Solo la transición de un encuentro.

V
Ni anticipo, ni sorpresa
El plan dibujado en los dedos de dios,
Una copia al carbón de tantos dedos variopintos.

No otro, sino justo el espíritu revuelto de temor,
Las alas y el deber pedestre atados ambos a los pies.

Cerrar los ojos en la fe de una representación ahogada por los siglos,
Ajustando una mira más alta y dislocada, en el orden nato,
Del recién nacido.
El caos original fue de café y estómago revuelto,
Marea y tarea, inagotables.

VI
Abrirse sólo a la quieta confianza de lo otro,
Entregar en todos los casos, el miedo y la incredulidad,
Asomado y ciego entre la luz celeste,
Navidad y montaña, cerro y representación de guerra
Entregar las armas para tomar las armas.

VII
Dormir al amparo de la cabecera de mi bisabuelo,
Despertar en la punta del árbol y ser raíz,
Anunciado ya el nuevo vocablo-

Paúl Martínez. (1982. Pueblo de la Laguna, Lagos de Moreno, Jalisco). Poeta, cuentacuentos, escritor y periodista. Licenciado en Humanidades por la Universidad de Guadalajara. Cofundador y editor del periódico literario Los Idus de Marzo (2014-2016), coautor del poemario Pieza de Paso (2015). Carpintero de oficio.