
En un mundo digital
Donde sobran los sentidos,
Incluso el de la vista;
Que colapsa sofocado
Por exceso de estimulación,
Me declaré autista en línea,
Ciberanalfabeta,
Antiseguidor
Y marginado tecnológico.
Entonces te vi.
Era un espacio público.
Era un sitio iluminado.
Yo leía,
Tú esperabas.
Y me viste.
(En realidad yo también esperaba.)
Quisimos abordarnos,
Eso lo supimos después.
Llegaron mis amigos,
También los tuyos.
Eran los mismos.
Y sin búsquedas ni aplicaciones,
Sin la dependencia de los datos
Ni la dictadura de la conectividad,
Nuestros celulares sepultados en las mochilas,
Una cerveza empuñada,
La piscina embriagada por el sol de mayo,
Compartimos nombres
Con la voz
Con la mirada
Con la honradez de estar ahí.
En el camino que va de la placenta al pudridero
Los senderos se polifurcan;
Se transita por la dictadura exponencial.
Sólo queda decidir,
Aunque poco,
Y con ello sacrificar mucho.
Yo, incauto,
Decidí andar en bici.
Voy por el mundo sereno,
Aunque el mundo se desmorone,
Y me hayan atropellado un par de veces,
Y de vez en cuando me roben la bici,
Y no haya garantía de volver vivo,
Y esté encontrado con la furia del motor,
Y me cuele más allá de la violencia sistemática…
y…
no pararía…
Mejor sonrío.
Ayer fue la placenta,
Mañana el pudridero.
Una decisión, un camino sorprendente
Y tú, de pronto, pedaleando.
Cuando voy contigo en bicicleta,
De ningún lado a ninguna parte,
Sin conciencia de nada más que tú,
Quisiera que la ciclovía fuera más ancha,
Un poquito más,
Como una montaña,
Como un océano,
Como un universo,
Como algo a lo que llaman tiempo.
En el mundo se han estacionado las empresas
Y la música disipa los disparos.
Se reclutan diariamente ciudadanos.
Rutina, rutina, rutina, rutina.
Se firman contratos de gran poder.
Rutina, rutina, rutina, rutina.
Las bicicletas son la tribuna silenciosa de la rebeldía.
En el mundo las empresas desplazaron a los bosques
Y la música disipa los incendios.
Se contratan hombres y mujeres ordinarios.
Trabaja, trabaja, trabaja, trabaja.
Están atados con ensalmos de angustia.
Trabaja, trabaja, trabaja, trabaja.
Las bicicletas son la alfombra mágica de la meditación.
En el mundo las empresas sedujeron a las universidades
Y la música disipa los plagios.
Se adoctrinan jóvenes generaciones.
Así funciona, así funciona, así funciona, así funciona.
Los cerebros se funden en promesas materiales.
Así funciona, así funciona, así funciona, así funciona.
Las bicicletas son la cátedra de la conciencia.
En el mundo las empresas se apropiaron del sistema sanitario
Y la música disipa los decesos.
Se fabrican cuerpos enfermos y mentes desquiciadas.
Padece, padece, padece, padece.
Los seguros esclavizan, torturan, deciden, imponen.
Padece, padece, padece, padece.
Las bicicletas son camino estrecho para la salud.
En el mundo las empresas violentaron nuestras calles
Y la música disipa el abigarramiento.
Se cuelgan cables de los cables y anuncios de los anuncios.
Mira, mira, mira, mira.
Las banquetas están exhaustas y los árboles se quiebran.
Mira, mira, mira, mira.
Las bicicletas son el pódium de la mirada crítica.
En el mundo las empresas convencieron al sistema educativo
Y la música disipa los vacíos cerebrales.
Se atienden calidades, índices y evidencias bien documentadas.
Indicadores, indicadores, indicadores, indicadores.
Los maestros se desangran redactando informes.
Indicadores, indicadores, indicadores, indicadores.
Las bicicletas son el conjuro contra la burocracia.
En el mundo las empresas se apoderaron de la infraestructura
Y la música disipa la amargura en las covachas.
Se construyen grandes torres para inversionistas y extranjeros.
Alquiler, alquiler, alquiler, alquiler.
Los locales ya no tienen casa propia.
Alquiler, alquiler, alquiler, alquiler.
Las bicicletas son el ojo que denuncia.
En el mundo las empresas secuestraron el transporte
Y la música disipa los mugidos del ganado transportado.
Las ciudades están hechas para no vivirlas más.
Sudor, sudor, sudor, sudor.
Ya no hay lágrimas en los ojos de los hombres y mujeres secos.
Sudor, sudor, sudor, sudor.
Las bicicletas son la serenidad que se mueve sin obstáculos.
En el mundo las empresas conquistaron a los incautos
Y la música disipa la resaca de los excesos.
Para todo vicio se implementan productos y dispositivos.
Consume, consume, consume, consume.
El círculo perfecto que nos mata nos revive a penas para terminar muriendo.
Consume, consume, consume, consume.
Las bicicletas son el faro de la incomodidad que salva.
En el mundo las empresas han creado un orden y un progreso
Y la música disipa el agotamiento del planeta.
El trabajo disciplina todo intento de fuga.
Obediencia, obediencia, obediencia, obediencia.
Toda la carne y toda la sangre para el patrón.
Obediencia, obediencia, obediencia, obediencia.
Las bicicletas son recuerdo del ritmo vital.
En el mundo las empresas amarraron al gobierno
Y la música disipa la disolución de la autoridad.
No hay partido ni postura ya que represente.
Soborno, soborno, soborno, soborno.
Se sonríen en la oscuridad las muñecas de la connivencia.
Soborno, soborno, soborno, soborno.
La bicicleta es el nido de la intención honesta.
En el mundo las empresas tienen ya su PLAN FINAL:
La NATURALEZA es el enemigo,
Se monta en trenes y se lleva lejos
A los campos de exterminio.
Quedan guetos miserables
(parques, camellones, zonas pseudoprotegidas…)
Guerra, guerra contra la naturaleza.
¡Ciudadanos! Ya no escuchen otra voz.
TODOS SON EMPLEADOS
ES HORA DE COOPERAR
Denuncien, señalen, desnuden.
Ahí, abran la tierra, saquen el litio.
Ahí, talen el bosque, levanten la casa del señor.
Ahí, pudran el río, extiendan el parque industrial.
Ahí, despojen al pueblo, construyan resorts.
Ahí, perviertan las playas, necesitamos más aeropuertos.
Ahí, envenenen el mar, hace falta el gran vertedero.
Aquí, trinchera engañosa, reciban su pago mensual.
TODO SE HACE POR OBEDIENCIA.
La obediencia es angustia.
La obediencia es terror.
La obediencia aniquila al ser.
La NATURALEZA es el enemigo.
Se deporta, se uniforma,
Se destaza para analizarla,
Se le saca el oro de las muelas
Y se hacen bolsos con su piel.
En el MUNDO las empresas han lanzado una BLITZKRIEG,
Y la solución final está a la vuelta de la esquina:
ANIQUILAR LA NATURALEZA EN LA CÁMARA DE GAS.
Las bicicletas son el filtro de la ATMÓSFERA.
En el mundo tú eres sombra a la sombra de la empresa
Y la música disipa con trabajos mi atención.
En el mundo las empresas corrompieron a la música
Y la música no puede disipar la gusanera de su voz.
Sobre la bici un día,
Por un torrente de automóviles,
Entre banquetas destrozadas,
Y un cielo amortajado con ceniza tórrida,
Me detuve en plena ciclovía
Para mirar embelesado
Al Isoldo imposible,
Ése de las blancas manos,
Que también en bicicleta,
Había detenido su carrera
Para recoger la basura y porquería
Y ampliar, aunque fuera un poco
Y por muy poco tiempo
El mundo en que pudiéramos estar,
Y ser, y habitar,
De no ser porque la FURIA ANIQUILADORA
Mueve un ejército
De posesos y estantiguas.
Mario Garibay (1977. Residencial Victoria, Zapopan, Jalisco, México). Escritor, músico y profesor. Estudió Letras hispánicas, es maestro en Lingüística, por la Universidad de Guadalajara (UdeG), y realizó una especialidad interinstitucional en docencia del alemán como lengua extranjera (Universidad de Kassel y Goethe-Institut). Es profesor de tiempo completo en la UdeG desde 2003. En el ámbito musical se ha desempeñado como acordeonista y vocalista, con formación clásica y trabajo en géneros vernáculos. Ha participado en proyectos escénicos y literarios, y ha publicado en revistas como La Cigarra y Masmédula, así como en las antologías Narrativa de Guadalajara (Edhalca, 2002) y Mar de Voces (Editorial Universidad de Guadalajara, 2021, 2022 y 2024).