
La casa está sola,
la ventana acumula polvo
de tierra que suda recuerdos.
Yo, sentada en la sala vacía,
soy un pedazo de papel que se barre.
Todo pasa por mi cabeza,
los sueños, las historias,
la memoria de las manos
que pintaban los muros.
Ahora, los cuadros que adornaban
las paredes son espacios de nada,
se han ido igual que la mesa
donde la abuela partió el pastel
de su último cumpleaños.
¿Y los hijos?
Ellos solían correr por toda la casa
Inventando escondites,
jugaban en cada esquina a
gobernar planetas.
Esos rincones habitan hoy
Basura que el viento mueve
Y lleva; así como se fueron ellos.
Si pudiera elegir,
solamente me quedaría con el patio
y con la vieja silla donde
mi madre tejía, tejía y yo le dolía,
mi tristeza le dolía como las agujas
que herían su estambre.
También, me quedaría con las plantas,
se secaron, pero no puedo dejarlas.
me llevaría además las cazuelas de barro
las pocas que quedaron
para recordar el olor de los domingos
por la tarde…
Pensándolo bien, no me llevo nada,
que todo se quede aquí,
que se vuelva cenizas carcomidas
en el tiempo marchito,
que se acabe todo aquello
que algún día se prometió eterno,
que los años acaben por roer
todo lo vivido.
Mar de voces. Antología literaria de docentes del SEMS (Editorial Universidad de Guadalajara, 2024)
Hoy la luna parece un pedazo
redondo de preguntas…
Volteo a la avenida
las luces son reproducciones de estrellas
pendientes de las respuestas.
En la acera
(solo por hoy)
nos quitamos el disfraz de los muertos
Hay en la noche algo temeroso
Parecido a un viejo y sórdido
Pequeño poema de Borges.
Al fondo de la iglesia carcomo
te recorro como un cáncer
que entra a tus entrañas.
Nos observan los miserables monjes
sin patria y sin ningún dios
a nuestra medida.
Invado cada parte de ti
el altar está habitado de silencios
las pequeñas criaturas que danzan
son ángeles absurdos de esquina
monjes cósmicos, pálidos
azules
llenos de polvo blanco
que excavan galaxias perdidas
en busca de su dios
Dios
Di
Os
nuestro pequeño dios hormiga.
Clasifico todas las cosas comunes
El árbol
La piedra
El cielo…
Las enumero, las memorizo
Las vuelvo tacto
Las guardo en el cofre del tiempo
Me convierto en cada cosa
Envejezco con ellas
Espero una mirada
Alguien que también enumere
Y memorice todas las cosas
En que me convertí.
Las mujeres que sueñan
Van al cielo
(eso decía mi abuela)
Pero yo sabía
Que ella no soñaba
No mientras tejía y
Contaba historias
No mientras caminaba
Con la lentitud de las horas
En sus hombros
No mientras lloraba
A sus muertos
No mientras clamaba
A la soledad.
Ella no soñaba.
Me lo dijo mientras me decía adiós.
Árbol de palabra (Acequia Va de Nuez, Homo Scriptum y Arte Poética Press, 2016)
Gabriela Saldaña Valadez (1985. Los Naranjos, Atotonilco el Alto, Jalisco, México).
Poeta y docente. Licenciada en Psicología por la Universidad de Guadalajara. Ganadora del concurso Acequia Literaria (2007) y de los Juegos Florales CUALTOS (2007). Dirigió la revista La Otra Realidad (2006-2009) y ha colaborado en revistas como Papalotzi, Letrambulario y Va de Nuez. Autora del poemario Metáforas de utilería (2013) y participante en antologías como México lindo y querido (2010), Árbol de poesía (2016) y Mar de Voces (2024). Ha recibido reconocimientos del Gobierno Municipal de Atotonilco el Alto, Jalisco, por su labor en arte y cultura. Fue docente en CERA-ITESO (2010-2019) y desde 2012 es profesora de asignatura en la Universidad de Guadalajara.