
Imagino el rostro de ella,
el cabello negro y corto que nunca volví a ver,
imagino los brazos que nunca me abrazaron.
Imagino
casi siento,
su dolor al dejarme ir,
mientras afuera cantan los mirlos y las alondras.
La compadezco,
le agradezco
con el alma
a amplitud sincera.
Y me pregunto,
qué habría sido de mí,
qué habría sido de nosotras si fuésemos eso que no somos.
Queda una sombra para siempre siguiéndome,
quedan unos brazos vacíos para siempre esperándome.
Dentro de este tiempo en el espacio
hay una casa,
dentro de la casa
hay una niña sin madre por un minuto.
Decorado con flores
mi vientre se conecta con un hilo rojo al umbilical de las estrellas.
De ellas,
he sido dada a luz.
Bajo el crepúsculo ecuatorial,
entre cañaverales
y con el amor seguro de todas las cosas iridiscentes.
Sé amarte en esta vida,
pídeme solo eso.
Desde el otro lado del volcán deseo una brisa para tu piel perdonada.
Si sueñas conmigo,
¿ves la gloria de la hierba mojada?
¿crecen en tu pecho volcanes como mares?
¿lloran en tu alma todas tus vidas?
¿sientes el amanecer a toda colorimetría?
Suceden unos brazos que me recogen,
manos de partera de vestido blanco,
soy entregada
a la otra.
La verdadera.
Ocurre un pacto en su mirada,
vacía el cántaro de su amor infinito,
eterna la decisión de criarme hasta que deje de ser alma,
con sus hilos rojos y sueños caducados,
me lleva en la memoria trascendente a toda carne, más allá de toda piel.
Acá
soy la afortunada,
la hija bifurcada.
Aquí
lo hay todo,
los banquetes,
las risas,
los árboles extendidos,
no hace falta nada.
Y la duda nunca quiere irse.
Se pasea por memorias cóncavas,
caprichosas
anteriores.
Se busca y se escarba,
¿por qué tus pecas no viven en mi rostro?
¿por qué tú eres de leche y yo de tierra?
En el patio
miro los cafetales.
Crecen,
se ponen rojos.
Me mandan el aroma de un recuerdo,
sueñan el huerto y respiro por los pies.
Es más real su cara que no se parece a la mía,
es el más sincero su abrazo,
reales sus rizos de carbón, su risa alunada,
la dadora,
para ella todas las ovaciones.
La sangre que nos une (Editorial Libro de Arena, 2026)
Te mostraron la cueva y sus aguas,
sabías que algo guardaban para ti:
un reencuentro,
quizás el perdón.
Pasaste por alto
lo que susurraban caballos en vuelo,
les pasó la noche
se comió sus lunas,
y nunca entraste a la cueva.
Rehén de luceros,
¿por qué no entraste a la cueva?
¿por qué les dijiste adiós?
Ahora no sabes dónde te esperan.
Culminó ante tus pies el cometa que distorsiona el éter,
verdadero solo en su ausencia.
Y descendiste sin entrar a la cueva,
llovido de cielo
partiste en barco al delirio profundo.
Sueño en el umbral de los árboles (Malayerba editorial, 2026)
La muralla viva dilatada al cielo
sabe que se está quedando sola,
sabe que tiene alma y puede sentir
sus siete millones de hojas
alumbrando ciudades aéreas.
Crece el testigo más antiguo,
la poesía follaje, el canto fractal.
Bifurca su camino hacia el vientre de la tierra,
hermanado de sangre con todas las selvas.
Por última vez el verde huracán respira
y sabe que se está quedando solo.
En la cima del cerro un grito hinchado estalla,
la torrente enmaderada de boca al suelo,
cae como mueren las cosas sagradas,
bendiciendo el fin de las civilizaciones.
Sueño en el umbral de los árboles (Malayerba editorial, 2026)
Pienso en el deseo de tu saliva
donde nace,
donde moja,
donde muere y se seca.
En el descenso que recorre,
camino de las montañas,
los volcanes
y las nieblas.
Hace una promesa y se detiene.
– Ciudades de noche arrasan los bosques,
se espesan los sueños del agua,
aquí dentro en el centro del abismo,
dime
¿han cesado los incendios?
Predigo
tus pliegues,
cuentan una historia,
sobre los lotos y Buda,
llevan tierra en las esquinas,
los palpo
con humedad,
se convierten en lo irremediable,
en el cuerpo de una selva,
en el fondo de una roca,
en la cima de un pájaro.
Mientras afuera se acaba el espacio,
mientras el tiempo se masturba
pensando en nosotros.
A la cara de la luna blanca,
bajo la bendición de los arcángeles,
donde nace tu saliva,
ahí tocaré las campanas.
Haré el amor alargando la ola,
y las aguas regresarán al manantial.
Sueño en el umbral de los árboles (Malayerba editorial, 2026)
A veces grita el nombre de su madre,
aurora de la mañana,
alarido de la noche.
A veces lloro cuando lo escucho,
a veces pienso en la foto que descansa en algún cajón,
pequeño ¿qué sueños sueñas?
Uniforme verde,
sin sonrisa en rostro,
mucha carne en las mejillas,
el futuro hermoso pero triste.
¿En dónde nacen los hombres? ¿En dónde mueren los niños?
En medio del polvo,
en la punta del huracán.
A los cinco años mi padre tenía las rodillas llenas de tierra, la panza vacía, el mismo patio que el mío, compartíamos el bosque y sus árboles – los dos lloramos cuando murieron –. Los dos escuchamos al abuelo predecir la lluvia con las estrellas, lo vimos sentarse todos los días afuera del cementerio, lo sentimos partir mucho antes de que lo hiciera.
Cazador amateur,
militar de por vida,
hijo.
Sé que te duele la vida, sé que te duele tanto,
tú, mi tronco más fuerte,
maestro,
padre,
espejo enemigo.
La sombra que más sangro.
Mi primer amor.
Y sé que te arde la vida como a nadie he conocido, que cuando caminas vas dejando pedazos, que cuando gritas sueltas fantasmas. Y si viajas yo voy contigo, que has visto más horizontes de los que existen, que las noches te abren el camino con todas sus lunas, bendecidos tus senderos como tu sonrisa.
Miraré hacia donde apuntan tus brisas
esperaré a que llegues
con persistencia,
donde todo lo mío es tuyo.
Sueño en el umbral de los árboles (Malayerba editorial, 2026)
Fátima Lupián (2000. Barrio Nuevo, Tonila, Jalisco, México). Poeta. Estudió la Licenciatura en Letras hispánicas en el CUSur de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Obtuvo mención honorífica en el Concurso de Poesía del CUSur y ha participado en distintas lecturas. Su escritura, vinculada a la poesía, se alimenta de la música, la naturaleza y la espiritualidad, con un interés particular en el esoterismo y la defensa de los árboles y seres vivos. Participó en la obra de celebración universitaria Leona Negra: La poesía ruge (2026) como parte del equipo editorial de Proyecto Ululayu. Es parte de Oníricas, colectiva de mujeres poetas que promueven, exponen y vinculan la poesía de mujeres en el sur de Jalisco.