
Las paredes pueden guardar silencios
pasando de múltiples vidas
a blancos absolutos.
A los murales de un auditorio
llegó la milicia para robarles la narrativa
por retratar escenas del cuerpo.
… ahí está San Sebastián
con el torso flexionado arriba de las piernas,
escondiendo el rostro a la mirada de la carne,
atravesándole una flecha el costado
y un manto rojo a punto de caerle encima.
Las brochas empapadas
funcionan como los triunfadores de la historia
contando verdades truncas.
Cuando un arzobispo manda callar
al estado parece no quedarle de otra
que no sea doblar las manos.
… se eleva hasta la cúpula un volcán
de tonos grisáceos mezclados con el rosa
acercándose a una esfera que entremezcla
luz atrapando amarrillos y azules
tensionando lo inevitable de la concepción.
Los vendajes de seda en los ojos
te acarician la consciencia con explicaciones
de cómo proteges al inocente de la aberración.
Esa censura se llevó en espuma
todas las cosas que pudimos haber hablado
si pudiéramos verles y pensar haberles visto.
… ahí está San Sebastián a la espera
de salvarnos de enfermedades que continuamos callándonos.
… sigue subiendo la combinación celular
para aguardar la llegada de la estación de las cigüeñas.
Cuando ibas caminando
por la calle,
un grupo de muchachos
con los labios empapados
te bautizaron con insultos.
Eres un joto
y nada más.
En las comidas familiares
escuchas a tus tíos
carcajearse en complicidad
por contar cómo a un hombre
le dieron por el culo.
Descubres
partes de tu cuerpo que son prohibidas
fragmentos de los libros donde no encuentras
formas de caminar para que no te griten piedras.
Al encender la televisión
o yendo al cine con tus primos
no encuentras en las escenas
varones explicándote
si está bien ser así de raro.
A los primeros y últimos
salones de clase
les faltaron maestros
hablando el idioma de la desvergüenza.
Las lecciones de gramática, biología y ética
sirven para educarte en lo políticamente correcto
enseñarte a callar lo incómodo para otros
para acotar las formas de buscarte en todos lados.
A las sábanas del primer hombre
que te extendió la mano para sostener la tuya
se les impregna un mar
de flores abriendo todos sus pétalos.
Los primeros encuentros con promesas vagas
te construyen la cartografía de tus cordilleras
la ubicación para encontrar cariño
la vida robada.
El cielo se detiene,
a una nube enorme se le hace tarde.
Tampoco he terminado de amanecer
y me revisten las nubes.
esa cima de uno mismo,
escribo para agradecerle al viento
por ser uno e infinito.
Y verme lejos,
y saberme cerca
cuando el camino es
la razón del viaje.
Pertenecerse es un acto de cariño
y se vuelve el instructivo
para que las líneas de las manos
sean la medida exacta de una hoja que cae al suelo.
Abrazarse por dentro,
en la casa resquebrajada
de este, un cuerpo,
para saber que el amor te viene de maravilla.
Y al final, serte honesto,
saber que eres energía
que atraviesa el universo.
Ser paciente contigo,
y guardar fidelidad
como un acto revolucionario,
a modo de no olvidar
que eres uno y todos contigo.
Aunque sea sólo un rato
pequeño, es preciso
un día
para volver al origen
y suspender
las preocupaciones.
Hay, por el momento,
cosas más importantes
como reír con las amistades
o recorrer las calles del pueblo
en busca de memorias
para sostener el presente.
Y estar así, presente,
para descubrir nuevas arrugas
o una emoción distinta,
paralelamente opuesta,
al caos y sus desdenes.
Este momento de calma
se presenta urgente
y no lleva prisa
por pasar a otra cosa.
Antes de que se acabe
y vuelva la necesidad
de reordenar las cosas,
de empacar las maletas,
guardo el canto del ave
y la compañía silenciosa
de una tarde de sábado.
Lo ordinario
es lo más importante.
Daniel López Romo (1993. Centro, Encarnación de Díaz, Jalisco, México). Poeta y maestro en investigaciones sociales y humanísticas. Licenciado en Comunicación e información por la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA). Ha publicado en medios como Revista G_lfa, Blog Lirbópolis y digo.palabra.txt, así como en las revistas Fósforo y De-lirio. Participa en los libros colectivos Voces desde la diversidad (2020) y Sarao. Historias mexicanas LGBTIQ+ (2023). Obtuvo el 2º lugar en los 7os Juegos Florales de Encarnación de Díaz por Alguien dejó la jaula abierta, fue ganador de la convocatoria La Maleta de Hemingway 2025 de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco con el poemario Tienda de mascotas y ha participado en diversos encuentros literarios nacionales.