
Me afino
como témpano de hielo en el trópico
con la bruma de las aves al amanecer
en los ríos silenciosos del océano
incoherencias
delirantes cataplasmas de barro
en el vientre de la noche
un nudo sobre la sien
una pausa en la garganta
las finas trenzas del día se nublan
en pequeños terrones de nada
La bruma de las aves al amanecer (Editorial Garrobo, 2025)
a Benito
Pelambre, estanque
te acaricio cual agua dulce
eres suave
como reflejo de sol a medio día
copado de destellos
Tenue rayo de luz
De mi cama, tímidamente
bajo un pie
en búsqueda de comprender
la temperatura
de tu tersa y blanca superficie
Lo acerco a ti
arroyo de cariño
caudal paciente;
al mimo
a la caricia
a la presencia
Te miro con mi amor desierto
con mis palmas tan lejanas
pero un pie desciende cauteloso
a tus orejas
a tu cabeza
a tu hocico
Sabes que me iré
como quién nunca busca adentrarse a la sombra
Y tú, ahí
lago
laguna
ojo de agua
ternura sofisticada
diseño genético de extraña querencia
Te aposentas
al pie
o a la cabecera,
al inicio de los pasos
o del sueño,
en el principio de las derrotas
o en el triunfo de las pesadillas
y aguardas,
con el depósito milenario de la fe
de que todo algún día cambiará
y habrá un prado de flores
donde el tiempo de ambos
la sincronía, suceda
Mi año no son tus siete
mi olvido momentáneo no es una vida
En silencio, a breve distancia
contemplo tu apacible belleza
y miro tus ojos
en el intento por descubrir
qué universos te habitan,
el origen de todas tus galaxias
y de todas mis furias
Charquito de agua clara
te escucho respirar
y escribo.
La bruma de las aves al amanecer (Editorial Garrobo, 2025)
Me voy a anochecer un rato
bajaré mi sol y mis pájaros
dejaré a mi luna decidir sus fases
y a mi tierra perder su gravedad
Me voy a anochecer
para tragar las horas azules
despertar murciélagos
avivar luciérnagas
que se batan y debatan
entre el sonido y la luz
en medio de la noche
la vibración lumínica
encenderá fogatas
en los ojos de todos los búhos
para que devoren la sabiduría del aire
Voy a anochecerme
para soñar
y no sentir los pasos del tiempo
sobre mi espalda
para viajar en el lomo de la luna
y dar reposo horizontal
a todas nuestras verticalidades
Me voy a anochecer
para cantar
en pasiva ternura
canciones de cuna a la eternidad
La bruma de las aves al amanecer (Editorial Garrobo, 2025)
Un cerillo permanece de pie
busca a su alrededor
una superficie rugosa
para arder
no se piensa fuego
sino sonido
fisura en el tiempo
que filtra por ella:
el ruido y la luz
La bruma de las aves al amanecer (Editorial Garrobo, 2025)
La H
muda como el paisaje
dice lo que no dice
La H
muda es Caribe
mira y calla
desde la más completa quietud
La H
paisaje
de insonoras cascadas
salpica grácil
el desconcierto
belleza muda
nada
hay por decir
Cecilia Fernández (1978. Americana, Guadalajara, Jalisco, México) Poeta, fotógrafa, productora y conductora de Radio Universidad de Guadalajara, donde ha trabajado por más de tres décadas. Sus textos han aparecido en diversas publicaciones colectivas, entre ellas Niños que se tragan la luna (2009), Extática. Muestra de poesía femenina (2015) y Tiempo de mujeres. Calendario literario (2022). En 2021 coordinó y editó el libro postal Humedad aérea, con obra del poeta Raúl Aceves y fotografía y poesía de su autoría. Ha grabado sus poemas para Radio Universidad y colaborado con el proyecto Vía Literaria. En 2025 publicó su primer poemario, La bruma de las aves al amanecer.