
Para no caer al abismo: cinta de teflón
Para coger unas monedas al vuelo: destapacaños
Para torcerle el ala a Bowser: llave de tuerca
Para desarmar un parque temático: llave Stillson
Para detener a un Goomba: cortatubos
Para jugar tenis con Luigi: perica
Para quedar bien con la Princesa Daysi: overol azul y bigote
Para salir de una prisión espacial: sierra de filo dentado
Para recuperar superhojas en el Reino Champiñón: pinza pico de loro
Para saltar a otro mundo: taladro de precisión
Teatro de títeres (Palíndroma, 2024)
En sus sonrisas de dientes blancos, sus peinados
gomosos y su alegría a toda asta en los pliegues del día.
No confío en las buenas personas, en sus dobles
tratos con esta realidad que supera las tramas
con que envuelven a los demás para seguir siendo
buenas personas. Las buenas personas son las peores:
las he visto pisotear a las malas personas, a las buenas,
las he visto otear la oficina, el supermercado, el antro,
en el asiento de su automóvil blanco de modelo reciente
afilando los colmillos, sus intenciones milagrosas.
No me gustan, no trago a las buenas personas, parásitos
de las malas a las malas. Su mecanismo depende
de hacer combustión con las malas personas, sin ellas
qué son las buenas personas: una máscara
de papel con la sonrisa rota.
Teatro de títeres (Palíndroma, 2024)
Los políticos te querrán en su campaña,
los gestores culturales te asignarán el último lugar
para que cierres la feria local con elegancia,
las señoras del taller literario te llenarán de mimos,
te recitarán en clubes de lectura de poesía reciente,
serás la estrella en estaciones de radio universitarias,
en programas mañaneros de televisión,
tus padres hablarán de ti a desconocidos,
aparecerás en la revista Gente Bien
rodeado de acicalados novelistas del momento,
te aplaudirán en los auditorios apenas con asomar la nariz,
tendrán consideraciones con tus padres, pero, sobre todo
esperarán incrédulos a que los rescates del aburrimiento,
te compararán con Neruda, con Benedetti, con Gelman
y te invitarán a fiestas de piñatas, a shows de magos
y de payasos sin tristeza, te harán maestro de ceremonias
en fiestas de quince años, en reuniones familiares,
en obras de teatro para niños y para adultos
que verán en ti al próximo Sabines.
Solo mantente alerta, no importa qué opinen,
recibe sus regalos, sus dotaciones de dulces,
sus confidencias acerca de la poesía que nunca los visitó
y planea, a escondidas, destruir tu futuro.
Teatro de títeres (Palíndroma, 2024)
La luna es una piedra
en el desierto: un escorpión aguarda debajo
mientras vemos a lo lejos el cometa.
Un cometa es una culebra coralillo. La coralillo, un coral
en movimiento, le pregunto a Sísifo, que cargó
una y otra vez su prisión por un campo minado.
Pero Sísifo mira la TV y no contesta. Ve miles de piedras
arrastradas por miles de Sísifos: átomos
con la iniciativa colgada al hombro, electricidad al vacío.
Estamos en los albores de una época de sayayines, dice por fin.
El mundo se arrisca las mangas para alistarse a pelear
contra sus propios demonios.
¿Qué demonio salta sin un empujoncito del cuarto piso?
A los demonios también les da vértigo.
El tiovivo les causa mareos, les retrasa la regla.
Aunque no tienen reglas: su primera regla.
Defina demonio: un basurero que sufre de vértigos y se pierde
como un punto en la solidaria oscuridad,
un ovni, un carrusel en la mente.
No, no hay nada alrededor, hay un vacío como el que existe
de estrella a estrella.
Late night show (Cinosargo, 2021)
No tengo música en qué caerme muerto,
no tengo ni siquiera muertos que no lamente,
no tengo lamentos que duren porque son aburridos:
a veces quisiera ahogarme en un vaso de agua,
morir asfixiado con palabras que brotaran de mi boca
como peces que huyen. A veces no quisiera,
hoy por ejemplo, más que flotar hasta salir
por la ventana y desaparecer como un globo de helio
entre nubes y aves extrañadas. A veces, hoy,
tan solo espero dormir, dejar de escuchar el ruido
de mi cerebro, los alacranes que me rondan.
No soy yo el que se levanta cada día de su rutina
y mira los reflejos en la televisión apagada.
Salida de emergencia (Mano Santa, 2020)
Carlos Vicente Castro (1975. Prados de Guadalupe, Zapopan, Jalisco, México). Poeta, editor y docente. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara, Comunicación en el ITESO donde actualmente imparte Literatura Mexicana Actual, y Periodismo en la Universidad Panamericana. Ha colaborado en El Informador y en revistas como Crítica, Luvina, La Colmena, Cantera Verde, Punto de Partida y Periódico de Poesía. Es autor de Carcoma (2006), Apócrifos + Circo + Un edificio en construcción (2014), Late Night Show (2019), Salida de emergencia (2020), Teatro de títeres (2024) y Un objeto cualquiera (2025). Su obra aparece en antologías y en tres anuarios de poesía mexicana del FCE. Ha leído en festivales de Argentina y Alemania y fundó las revistas La Calle y Metrópolis. Digire el taller literario Elías Nandino en Cocula, Jalisco.