Alejandro Piña. Foto: Miguel Asa
Alejandro Piña
Guadalajara, Jalisco, México

El grito

no
no quiero
no te impongas
no me insultes
no hagas con tu voz un arma

míralo deambular por la casa:
un grito acrílico
golpea las paredes de amarillo
como un animalito mustio
malherido peligroso agazapado
en la esquina de la laringe
al acecho del error

el humo del cigarro hace su nido
en el techo
y la luz de una tarde
en que pudimos habernos besado
se estrella contra un grito
púrpura y vengativo

la canción en la radio se somete
a la arritmia del grito
al monarca de la violencia
al grito que desgarra los monasterios
del corazón

uno pensaría
hallar al final del grito
un duendecillo de liberación
o catarsis

¿cuándo ha sido la realidad
un lienzo dispuesto para nosotros?

abril
que a veces sí es el mes más cruel
te arrancó el nombre a dentelladas
y lo escupió en las banquetas
de alguna memoria
para dar abrigo a todo paria
a todo guardián del silencio

-

Te sueño. 

Y en mi sueño de ti
me confundo
pues no sé si vivo despierto
o ensueño

sueño que te arranco
del incómodo silencio cruel de lo prohibido

fruto vedado
te muerdo

Mi lengua es la única herramienta
para ararte surcos de deseo
zanjas profundas de añoranza
huecos donde alojarme huésped
de la intemperie que pienso

creo que por eso
Te sueño.

del abismo bajo el mar
extraigo de mí
tu reflejo

delicadamente
te destrozo pedazo a pedazo
en sacrificio al dios animal
que me posee en el sueño

otras veces
Te sueño

cada paso dado junto a la vitalidad
de tu cuerpo
me descubre y
me desnuda y
me desgarra y
me revela
partes de ti porque
Te sueño

me aterra desimaginarte
desverte desvestida
desnuda
destinada a ser
aparición o
fantasma o
silencio

Y sé con absoluta certeza
   con la claridad definitiva del agua

que vivimos juntos
este deseo
porque te sueño.

-

tracé en otro cuerpo un mapa
para encontrarme

una línea
herida abierta de una batalla prevista y perdida
como yo ahora
garabateando cuadernos
en busca del mapa inconsciente que tracé
en alguna parte
¿dónde?

amanecí extraviado
en un cuerpo ajeno

soy la palabra tachada y recubierta
para ser oculta
una voz ahogada dentro de otra
parecida a mi propia voz

si tan solo pudiera recordar
cómo sueno fuera de este olvido
o distracción
o como prefieras llamarle

lo cierto es que perdí algo
en algún lugar
por algún motivo

tal vez deba seguir mirando
hasta que aquello
se presente.

-

Alguien que no soy yo
arrastra sobre la arena
años engrasados de tiempo
rencorosos surcos sobre la playa
sobre el rostro de otra
deltas de sudor invertido
en arreglar, vivir, gritar
en pensar, vivir, soñar
en pagar, vivir, comer
en vivir, sobrevivir
a base de atún en lata y promesas

Alguien que se parece a mí
pero jamás podría ser yo
mira pasar una mujer a la distancia
se va
traza con un dedo al alejarse
cuál rumbo grabado en la siniestra simetría
del cobarde corazón acobardado

Alguien que se parece a mí
pero jamás podría ser yo
pide
Dejarse ir
dejarse

descartar la opresiva memoria del deber
mirar hacia y desde el Sur
trazar dos líneas divergentes
en todos los muros del mundo.

-

Relámpago es mi palabra favorita en español. El relámpago es mi saudade. Algo en la palabra incandesce y resquebraja y se aferra como puñal al cielo, arrastrándose lento curioso animal de luz. La luz es navaja en un cielo herido. ¿A qué suena el relámpago que no es trueno? Nada más que a sí mismo.

Alejandro Piña (1986. Jardines del Bosque, Guadalajara, Jalisco, México). Poeta, escritor, traductor y docente. Estudió la licenciatura en Letras hispánicas y la maestría en Literatura mexicana en la Universidad de Guadalajara. Autor de cuentos, poemas y ensayos publicados en México, Estados Unidos y España. En 2023 obtuvo el PECDA Jalisco en la categoría de Creadores con trayectoria para desarrollar el ensayo Breve tratado para amar en una cantina.