Yara Patiño Estevez. Foto: Miguel Asa
Yara Patiño Estevez
Berlín, Berlín, Alemania

El sobrino del gallo Claudio

No recuerdo su nombre o si alguna vez
lo supe. Eso
no era importante como sí lo era
el cálculo.
Mide. Toma nota. Lanza y da
en el punto ex
acto.
No se le ve muy listo al muchacho -dijeron-
no entiende gran cosa y no sabe lo que quiere
es demasiado pequeño para esas gafas
y se pone a observar
como idiota
por horas
lo mismo.

Cabeza de Huevo Junior no entiende esas bromas
pero en el croquet, da el primer golpe de mazo
y logra lo imposible
con un poco de álgebra y operaciones que siempre
han estado en su cabeza
los campos deben mantener una relación 5 a 4
entre longitud y anchura
y creen que necesita algo más emocionante
que luego solo es lavar el piso del barco pirata
a cepillo y nada de tesoro
pero sí la cruz
que está ahí gracias a una operación calculada
fría
hecha por un cerebro de pollo
sin emociones.
(Qué va a saber de amor el álgebra.
Eso quisiera yo)
Fueron a enseñarle a ser hombre
a competir y saber que hay perdedores y que eso
debe ser divertido.
El nihilismo es ficción
es paradoja.
Yo siempre he sabido lo que quiero:
saber lo que sigue
y nada es más difícil
o siquiera posible pues las fórmulas
sólo regresan para mordernos
para saber lo que ahí estuvo y ni siquiera eso
lo que pudo ser
estar
los deseos motores
que no tienen idea de la fuerza
velocidad
o impulso
sólo movimiento sin siquiera dirección
-a veces sin masa, pero algo se forma y eso es
suficiente
no tanto para volver, solo para dar la vuelta.

Regresar a lo que no está ya y sin embargo se mueve
embargo es lo que tengo
no tú, quién lo diría -no yo- no puedo
creerlo, no existe, tú estás, y yo no sé
lo que sigue, ese movimiento.

Destino es acción, esto o lo otro
deja todo como estaba al principio
y vamos de nuevo a lo que sigue
al resultado del cálculo con números imaginarios
como si no lo fueran.
Saber lo otro, lo que imagino y calculo sin ser yo
sin que tú seas nada
eso no existe, tú sí
y es la prueba necesaria que ahora patea en la cara
la evidencia: aquí no hay nada.
Hay
una fórmula que lo prueba
estoy segura.
O casi, que es igual a imposible.

Todo se aproxima a algo y tiene masa, algo
se mueve. Tú no, aunque bailas
en sueños de otros
bailas porque las formas adecuadas tienen el ritmo que sigues y el que predices
antes de la armonía la que no se siente y no pasa nada
excepto que el hielo se rompe y el frío
la hipotermia es algo
la hipotermia es constante.
Aquí podemos explotar.
El control
es un número imaginario
el traje invisible del emperador
su desnudez
su barriga.

Expo Exo

Esta es la primera sala. Aquí
daremos un recorrido por nuestro pasado.
El diorama muestra una familia típica
niñas audaces, chozas, mareas altas
derrumbes por carretera.
Sala dos. Aquí vemos claramente los destrozos del volcán
y cómo en un día, unas horas, terminó todo: una civilización prometedora
mira tú, habían inventado la posibilidad de un final casi feliz
aceptable, al menos digno, o mínimo, pero no
eso también fue demasiado y ¿qué pasó?
Vengan a la sala tres, aquí les mostramos que no ha sido posible
encontrar rastros ni unir los pedazos
no hay pedazos
no hay todos los hombres del rey
ya no queda ni cenizas, ¿qué esperaban? Todo pasó hace mucho
si no fuera por estos esqueletos abrazados qué historia íbamos a tener?
El magma lo que hace es fundir. Así ocurre:
el elemento deja de ser sólido y luego ya no es uno nada más
hay un mellizo pegado para siempre y sin vuelta atrás en el tiempo
sólo teóricamente, malditas leyes de la física y todas las demás.
No se puede ya diseccionar: lo que recordaba fue contaminado
entretejido con ese evento, juste ese, el de tantos grados de calor
instantáneo que ahora viene inseparable y ya no se puede recordar nada
así funcionan las estúpidas neuronas, pasemos a la sala cuatro.
Aquí se perdió todo.
De nuevo.
Se perdió el registro, la otra memoria: se tiene que repetir, nunca se va
nadie nunca regresa, ya no se recuerda
como antes, no se vuelve de ahí. Fin
del recorrido.
 

La mujer más fuerte del mundo

Pippilotta Viktualia Rullgardina
Krusmynta Efraimsdotter Långstrump, escribió él,
bajo la imagen de una rubia
delgada que sostenía un auto
con la mano y una sonrisa que, sin esfuerzo
ni tensión, levanta el ánimo
del cartel en blanco y negro donde
ella es la mujer del brazo cibernético y sonido
reverberante: dos piernas
y un oído que alcanza
cualquier susurro de transistores
de tono muy agudo, pero antes estuvo muerta
sin recibir los seis millones de dólares
del novio,
aunque sí la cámara lenta.
También André el Gigante, Ted
Cassidy y algunas fembots
que dislocan sus máscaras faciales.

Ella, al final, tuvo que revivir, pero ahora
se conecta a un aparato que
la mantiene en criogenia
mientras recuerda que de pequeña la llamaban
Pippi, la niña más fuerte del mundo:
caminaba hacia atrás resolviendo todo
e hizo que mi madre se destrozara
las rodillas al lanzarse en bicicleta
por una pendiente rocosa buscando
sus monedas de oro y el mono tití y la navaja
con que más tarde perseguiría,
en ropa interior, al ladrón turco.

Como herencia tengo gran velocidad
de escape, aunque no se nota por la parálisis
de sueño, esa secuencia
donde siempre lo intento.

Mi padre era bucanero y puso
un caballo en la palma de mi mano. Ahora
tengo una prótesis biónica que hace todo
mejor que yo.

 

Mudanza

Todo es lo mismo: la idea de cambiar
y mover es solo apariencia
para la amiba y de ahí su nombre
le salen pies que no son
y no necesita a nadie para ser más
por eso al principio le llamaron caos
un vacío sin forma definida
que abunda en el agua estancada.

Uno deja todo atrás cuando no se mueve
y la estática incesante es el error
que da pies falsos
y solo se reproduce
a sí misma.

Gojira

Lluvia con ye de yo
            no me mojo porque estoy al fondo del océano
                  al pie del cañón
del barco hundido vuelto coral
casa escondite tumba.

Aquí no hay olas, pero sí corriente:
yo, con ye
          y doble ele en la rendija
          y cae la bomba
          y llueven cenizas
se inunda el mar que muta:
invierno nuclear en el pacífico
verano pasado sé lo que hiciste.

Yara Patiño Estevez (1973. Multibarrio, Berlín, Berlín, Alemania). Poeta, escritora, editora, gestora cultural y comunicadora. Estudió Letras hispánicas en la Universidad de Guadalajara y realizó el diplomado de la Escuela para Escritores. Ha participado en festivales, encuentros y programas de poesía en México y Perú, y su obra ha aparecido en antologías y publicaciones literarias. Es autora de Los pies de Karl Richter tropiezan sin tocar el suelo (2025). También ha desarrollado proyectos editoriales y de gestión cultural, así como actividades de formación, divulgación y crítica en torno a la literatura, el arte y el pensamiento.

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