Valeria Colín. Foto: Miguel Asa
Valeria Colín
Lagos de Moreno, Jalisco, México

Ubí

No te di entierro
como a los niños mártires
que inmolan la historia

No soñé tus ojos
No tantee tu risa
Ni cavé en el tiempo
un lugar para tu sombra

No te di nombre
No te di vida fuera de esta caja que soy
féretro eterno

Sin embargo
te libré del llanto
y así te amé.

Cultivos Fonéticos (Ediciones Arboreto, 2022)

Odiseo tiene nombre de barco

Ulises migra como las aves de las seis
que solo van de un árbol a otro
para no perder las ventajas
que quita el asentamiento

Ulises ve monstruos marinos
imaginarios como el horario de verano
y para embarcarse lejos
nos convence de su existencia

Ulises espera la espera
de una Penélope con alopecia
sobrevive porque la recuerda
habitando el espacio blanco entre sus lunares

Ulises cuenta los días con granos de sal
relame sus heridas de hidra
sueña el sueño de la mujer que teje
se triza la testa etílica y humeante

Ulises amó apenas una vez
a la segunda mujer más hermosa del mundo
no sé si volverá, Ulises
luego de amar a calipso

Mi madre pactó que morirá primero

Mi madre, que le teme a la muerte
se salta las esquelas y
mengua en la mesa
delante del suceso.

Se vuelve humedad si sabe
de ataúdes pequeños
de accidentes fatales
de hospitales.

Una vez mi madre
enterró a su madre      / o 
la guardó en una cajita dorada,
tapiada en el santísimo redentor.

La vi llorando
la muerte de una hija
que no era suya,
pero era hija de una madre
también.

Mi madre no quiere saber
de seguros de vida
ni testamentos, gastos funerarios
pensiones.

Se pone flaca
cuando las aves
se hacen pedazos el cráneo
contra el ventanal.

Una vez mi madre
quiso retener la vida
de su gata,
hasta que el fantasma
dejó de pasearse.

Mi madre, rara vez
visita los panteones;
se viste de blanco
se le suben los muertos.

Una vez
escribió sobre la muerte:
atravesó un espejo 

                                    y le puso fin al miedo.

Vacante

Refiero a lo dicho
aunque divaguemos
al final
en el concepto,
la interpretación.

Sería falsedad
asumir que no me duele
el vacío en los portafolios.

No he acumulado
en estos años
suficiente prueba de mí.
Queda la memoria.

Poca memoria,
ningún documento
que me avale
como alguien
de fiar.

Ningún hatillo
de lamentaciones,
brisas marinas,
pieles que toqué.

Y me pide ahora,
-entre súplica y sugerencia-
que le diga porque soy yo
la ideal para ocupar el puesto.

La muchacha jarrón

Yo quería vender moscas por mayoreo,
diseñar un sistema complejo
para quitarles las alitas
y retenerlas presas
del hambre de mí. 

Yo quería ser sirena,
haber nacido mutilada
invertebrada
impía.

Quise ser actriz
y se quemó el teatro.
Buza y papá dijo:
es peligrosa la marea.

Hubiera sido yo
una maestra
de lo imposible,
dando lecciones para el vacío.

Yo quería ser
de verdad
pero solo traía cinco pesos.

Valeria Colín (1994. El Refugio, Lagos de Moreno, Jalisco, México) Poeta, ensayista y comunicadora. Licenciada en Comunicación e información por la Benemérita Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA) y con estudios en Periodismo por la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Su escritura se desarrolla entre la poesía y el ensayo. Ha sido incluida en la antología Novísimas. Reunión de poetas mexicanas y es autora de la plaquette Cultivos Fonéticos. En su blog en Medium ha escrito sobre la maternidad desde una perspectiva crítica del deber ser materno, así como sobre el cuerpo, la identidad y la vida cotidiana. Actualmente desarrolla una escritura centrada en la experiencia de la maternidad y la exploración de la vida interior.