
Una luciérnaga —me dices—
tras la ventana como invitándonos a entrar
pero ninguna luz hay en la casa,
sólo un brillo decrépito del insecto encerrado.
Las calles desiertas crujen a nuestro paso
la hojarasca llora a los niños perdidos
a merced del mar,
vino por ellos la marea alta, los arrastró
hasta los faros iluminados a medio océano.
Se estrella contra el cristal
pidiendo ayuda la luciérnaga,
quiere salir a este desierto de calles donde
pasan sombras,
risas como aguijones que regresan del mar,
vienen a recordar nombres y objetos.
En ese muro escucho el eco
de la mesa y en ese otro las letras del alfabeto
entonan una canción.
En el roquerío se estrellan los ires y venires
de los días en que todo estaba poblado.
Notas de una libreta, notas de una partitura,
tu sonrisa. Mira: sobre el buró
el frasco del perfume que usabas.
La isla (Ediciones Monte Carmelo, 2022)
7.
Desde el sur hasta el norte merodean animales
repartidos por el desierto, son coyotes,
¿los miras? Juntan borregos para llevarlos al río.
De sur a norte cruzan la línea fantasmal.
Un sueño que viene del estómago y revienta en la cabeza.
Los zopilotes también emigran, van tras de las vísceras sueltas
el estiércol de los ranchos, entre gallinas, pollos
y vacas. La línea, muro, muerte y tantos coyotes esparcidos,
hombres y mujeres aborregados, alineados a las vías
por donde aparecerá la otra bestia, con su silbido de hierro
y sus navajas, la poderosa velocidad para llegar al norte.
Salir del sur, escarbar del aliento bilis y llanto,
el calor opresivo, el olor a cadáver.
Míralo cómo viene en el techo del tren el diablo
con su cara hinchada, verde y púrpura,
míralo cómo rocía agua bendita y esparce cempasúchiles
sobre los campos.
Tras la reja de alambre del patio quedan las niñas
y las huellas de coyotes, borregos y buitres;
en el aire todavía las miradas infantiles
y su miedo revuelto con fiebre.
Un gato cruza como ataúd.
En esa delgada separación (Universidad Veracruzana, 2019)
a Vivian Blumenthal
Esa mujer sueña dentro de un carrusel.
Esa mujer vocifera la caída del sol.
Festeja estridente el hueco de las cosas ordinarias
y se aparta un instante
para permanecer viva, simétrica. Los ojos
puestos en hilera para cerrarlos frente a sí.
Iluminar las guirnaldas.
Esa mujer ha formado columnas y espirales,
de sus pesadillas ha vuelto con nueva piel
púrpura; piel desnuda casi humana,
piel incendiaria.
Ha construido alucinaciones como pilares.
Sus brazos se levantan para comenzar el teatro.
Rumor y llamado;
tambores desde el fin de los tiempos,
desde el todavía vacante futuro.
Esa mujer seduce desde el enigma,
viene a nuestro oído, joya errante,
brilla y se cierra como flor de noche,
su garganta quiere alcanzarnos.
Su señal es el color. Colores agitados.
Se peina y despeina tras bambalinas, lejana,
intocable. Su cabellera ígnea.
A la altura de las rodillas, emerge.
Un lugar con su fronda y su cielo; con su danza.
Con pulmones que conjuran al viento.
En el instante su canto —el último ¿o el primero?
Vastos jardines. Su vestido se eleva y avanza
las hortensias llenan la escena,
constelaciones de hojas la acompañan,
pasa entre árboles —generosa.
Atrios (Bonobos Editores/ Universidad de Guadalajara, 2018)
Mientras alistas en filigrana la boca y los dientes tiemblan sin ser vistos, mientras te conviertes en nadie (la voluntad que producía el deseo está muerta). Mientras te pintas la boca detrás del muro y avanzas ligera como cuando ibas a mitad de la noche a la piscina y cruzabas el reflejo de las estrellas. Mientras buscas un argumento en tu cabeza y entreabres los labios, esa nada crece y el todo inunda tu sensación (la voluntad que producía el deseo está muerta). Mientras el rocío del alba te salpica la mirada tus pasos recorren aquella avenida donde el tren para y suben a tu pecho los ires y venires de la memoria. Desde ahí vienes, con la taza de café tocando todavía las comisuras y el olor en los dedos. Cruzas el umbral, te desvistes, te miras sin espejos, sientes la plegaria de los otros (la voluntad que producía el deseo está muerta). Lo sabes todo, lo tienes todo, lo quieres todo. Y terminan tus cenizas en nada.
En un laúd –la catedral (Fondo Editorial Estado de México, 2012)
No es una secuencia finita
este amor,
diagonal entre mi piel
y el cuadrado de la vida, es
una pura imposibilidad,
las fracciones fabuladas
de una lluvia, de tus gestos,
el ahínco de tu frente incierta.
En la certeza íntima
vacila tu figura, tal vez
te sostiene la invención,
esa levedad ilógica del gozo,
allí te has quedado, inmóvil,
irracional. Por eso no viniste
a construirte entre mis dioses,
prefieres quedarte en una proporción
estelar, más allá de la naturaleza,
quedarte en la tensión del infinito,
oscilante entre el más y el menos.
Eres una sensación itinerante,
prófuga.
Eloísa (Editorial Aldus/ Universidad de Guadalajara, 2010)
Silvia Eugenia Castillero (1963. Naucalpán de Juárez, Ciudad de México, México). Poeta y docente. Licenciada en Letras hispánicas por la Universidad de Guadalajara (UdeG) y maestra en Letras hispanoamericanas por la Université Sorbonne Nouvelle de París, Francia. Profesora e investigadora del Departamento de Letras del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la UdeG y directora de la revista Luvina. Su obra se ha traducido al inglés y al francés. Entre sus títulos se encuentran Como si despacio la noche (1993), Nudos de luz (1995), Zooliloquios (1997), Zooliloquios. Historia no natural (2003), Entre dos silencios: la poesía como experiencia (2003), Aberraciones: el ocio de las formas (2008), Eloísa (2010), En un laúd – la catedral (2012), Luz irregular (2016), Atrios (2018), En esa delgada separación (2019), Tiempo germinado, casi flor. Poesía reunida (2021), La isla (2022), Desde el enigma. Antología personal (2023) y Después, seguía la muerte (2024). Ha recibido el Premio de Poesía ASPA (1984), el Certamen InHolaternacional de Literatura Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz (2011) y el Premio Jalisco en el Ámbito Literario (2021), entre otras distinciones. En 2023 obtuvo el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines / Gatien-Lapointe por Héloïse. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2007.