Ricardo Sigala. Foto: Miguel Asa
Ricardo Sigala
Guadalajara, Jalisco, México

Tríptico del cuerpo

I
Amanece tu paraíso abierto
y bebo de tu herida,
             del pequeño abismo de luz movediza que emana de tu cuerpo.

Amanece como si en cada mano pudiera llevar la memoria de tu piel,
              tu voz frutal;
como la entrega a la agonía o al vendaval de lo sentido.

Amanece.
Recurro a la tentación de todas mis voces
para darte el mejor de mis silencios
y descubrir, al fin, mi voz saliendo de tu boca.

Te eriges como puerta a una ciudad inaccesible,
a algo triste que ilumina.
Entonces camino sobre tus aguas, tomo de tu pan, bebo tu vino,
y alojado en tus misterios, me baño en tus desnudos arroyos.

Al día le han brotado alas,
                                                 de nuestros cuerpos nace la mañana.

II
Andan tus pies decorando con sus huellas la arena,
andan tus párpados agitados por la inusitada magia que pueblan tus pestañas,
alzado anda el discreto milagro de tus pechos,
tu grandilocuencia fundada en silencios,
en tu profunda mirada abisal.

Anda tu recuerdo aferrado a esta brisa,
                                                 a todo lo que en la piel es memoria.

III
El mundo es un remanso frágil
si me resguardo en tu mirada de arena,
viento y agua evanescentes.

Vengo al misterio de tus aguas,
al vaivén sin prisa en que me dejo naufragar,
a ese susurro acuoso de niña lastimada.

Vago errante
              en la caída libre
                            hacia tus aguas.

Domar quimeras

I
Este oficio de domar quimeras,
de atravesar noches blancas
con mi voz de fantasma ciego.
Oficio iluso de siluetas muertas
y de labios secos.

II
Es un temblor que me sostiene,
un latido aterrador,
un lenguaje de agonizantes,
la magistral sapiencia de lo oscuro.
Este insano oficio de domar quimeras.

El verso de cada día

El verso cotidiano,
estéril, defectuoso,
es el pobre semblante del espejo.

El café, el dinero y la caspa son
sus rancias zozobras de bisutería.

Llega infértil el verso cotidiano.

La costumbre

Este verso inexacto,
asesino que ha perdido la brújula de su oficio,
oscila en la costumbre indolente de su miseria.

Estos versos incapaces de decir tu piel,
el aroma de los cuerpos exhaustos
y la gloria ganada en batallas de sudor.

Estos versos secos,
indignos de la más vil de tus miradas.

Ciego

Como no sé mirar
me paso la vida
arrancándome las carnes
en la imposibilidad constante
de querer nombrar el mundo.

-

Vine a ofrecerle una flor a la madrugada
y en su esquiva paz me arrojó esta noche en vela:
la turbia cloaca del instante vivido.

La palabra

Si la palabra es un puño
que se levanta y cae sobre la mesa.
Si la palabra es una tempestad
de equívocos e imposibles.

Si la palabra es un sediento perro a la deriva
que no me abre tus ojos ni tus pechos.
Si mi palabra suena a materia desollada,
a corazón desperdiciado en un mal fuego.

Si la palabra es un puño que cae sobre la mesa
cuando la noche ya se acaba,
¿valdrá la pena esa palabra?

Ricardo Sigala (1969. El Retiro, Guadalajara, Jalisco, México). Escritor, periodista cultural y docente. Autor de Periplos (1995, 2012), Paraíplos (2001, 2007, 2013), Letra sur (2016), Domar quimeras (2018), Extraño oficio (2018), La conjura (2023) y La palabra y el silencio (2023), entre otros títulos. Ha publicado y coordinado diversas antologías y ha sido colaborador en medios de Zapotlán el Grande, Jalisco. Coordina talleres literarios desde hace más de dos décadas, es profesor fundador de la licenciatura en Letras Hispánicas del CUSur y miembro del Seminario de Cultura Mexicana Capítulo Guadalajara.