Patricia Mata. Foto: Miguel Asa
Patricia Mata
Guadalajara, Jalisco, México

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Siendo médico viví sin saberlo.

Teniendo médicos en casa
no supimos.

Algo estaba quieto y presionaba hondo
oprimía más fuerte que al resto.

Los que no enfocamos
creemos que el mundo es borroso para todos
porque así ha sido siempre

entonces, me hablaste
de las palabras hirientes;

ha dolido tanto y sin saber que era más

no hablamos de mamá y del aviso:

«hay un moño negro en la casa de Julián»

y yo sabía que el cáncer se comía
a esa mujer hermosa que me llamaba
y luego tu voz.

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Le abrieron el pecho
como a un caballo
y me asombré de su fuerza:

de la anestesia

en sus ojos que buscaron
enfocar mi rostro.

Yo sabía que su voluntad
era más que la preocupación
porque durmiera

que el bienestar de decidir
como todos los hijos:

la estabilidad de todos los hijos
que no han dudado.

Pero era la anestesia
                                   me repito.

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Encuentro la justa traición de las palabras en un libro de Salinger, y recordé cuando quise hablar a casa entre la niebla: larga distancia desde un teléfono publico. ¿Cuántos soles debía tragar la cabina para escucharla?

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La chica del 507, voz en calma, cuenta que no hubo distracciones al manejar. Los árboles se mantuvieron lejos de la línea blanca; no tengo miedo de mi marido ni de la confusión. Ver más vidrio: Seymour Glass piensa que podríamos nadar.

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Ceda el paso a los dementes
por el libre tránsito de los confundidos

ícaro es un ebrio
en estado de descomposición
o las coincidencias
o los nombres irreconocibles
el espectador de la danza de los blasfemos

ha comenzado la resaca de esconder la voz

el aire se reserva para los puros
de soledad y sabotaje

algo presiona contra vacío
ya viene esconder la torpeza

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Tuve este sueño en que dormías
y la muerte no te tocaba

como el tiempo en que vivimos
y me llenaba de orgullo pronunciarlo
al otro lado de la carretera

decir al que pregunta
cómo se lleva el pan
cómo las ocho bocas se alimentan

«papá es investigador».

Tus ojos pueden permanecer cerrados,
unos días más, en la vigilia

que la muerte no te toque
y leas tus libros
y mires tus fotos
y escribas
y la casa siga al otro lado.

Patricia Mata (1985. San Alfonso, Guadalajara, Jalisco, México). Poeta y docente de preescolar. Autora de Ceda el paso a los dementes (2009), Acantilado (2017) y Un moño negro en la casa de Julián (2023). Su obra aparece en antologías como Extática (2015), El viento y las palabras (2014) y La mujer rota (2008).