
Decidí creer
de vos
cualquier cosa
menos lo que ocurre.
Me da miedo tener lo que quise,
¿eras así o no te miraba?
Vos no sos la pesadilla
que me clava un tenedor en los ojos
mientras veo mi paisaje favorito.
Sin embargo,
te convierto.
Llegué cansada a la felicidad (Concreto, 2026)
En las aguas claras del Caribe
le dicen botuto a la Concha Reina:
su carne se come, su caparazón se vende
como recuerdo de viaje.
El resto se amontona en la playa.
Forman pirámides, un cementerio rosado
con bordes espinosos que raspan.
Cada corte marca lo que hubieran sido:
hachas, señal de alerta en la conquista
un rito de iniciación o muerte
un instrumento musical
una tradición
el sonido de los labios vibrando
sobre ellas.
Todavía se ven sus rayas y sus manchas.
Todavía veo mis rayas y mis manchas,
confío las cicatrices a la sal tibia,
para llegar pongo en riesgo los pies,
piso los corales muertos,
el mar se lleva mi apego a los golpes.
Fuimos reinas maduras a la misma edad,
fuimos manjar ilegal de los hombres.
Somos la veda de la pesca
para crecer y conservarnos:
la recuperación es lenta.
Como el agotamiento de la especie,
la entereza no puede repararse.
Llegué cansada a la felicidad (Concreto, 2026)
Cuando lloro
aprendés a hablar,
¿no te cansa
verme los párpados gordos
implorando que la palabra
se mude de mi boca a la tuya?
Respondiste que un poema triste
al menos podía ser bello;
entonces,
igual de tristes, a punto de rendirnos,
nos evitamos la carencia de la charla
para rescatar una de aquellas noches
donde el abrazo es una chance pequeña.
¿Me verás un día con el pelo largo?
Todo lo que hagamos en silencio
será próspero.
De las palabras desgarradas,
lloradas de más,
solo recuerdo
tus brazos abiertos,
tus ojos remedio
sin entender
pero sin abandonar
la ilusión de ayudarme.
Llegué cansada a la felicidad (Concreto, 2026)
Valoro la voluntad
el desprecio
con los que algunos
me trajeron
mi mejor versión.
Convivir con la oscuridad
fue un trabajo esclavo.
La sombra tiene su misión,
el dolor su propia agenda.
Me encontré con el extracto
de identidad que se escondía
bajo esas capas de tristeza
que tejían mi deseo.
¿Te acordás que te dejabas definir
hasta por las babosas
y si el escorpión
no te pinchaba con su veneno
te ofendías?
Yo lideraba la rabia
perder era la costumbre
que me permitía
hablar de algo con certeza
y sin imaginar que también podía tenerlo,
me dejaba llevar por la fascinación
del cariño que los demás eran capaces de vivir.
Aunque estoy harta de tomar decisiones
las riendas de mi vida se volvieron suaves,
el amor es un tesoro posible.
La traición (Raz, 2021)
Pero digo que a veces es necesario traicionarse
para defender otras banderas,
ya las escuché bastante a ustedes
que ni conozco salvo por mi sangre
y ese cotorreo desde mis hombros;
todo lo que querían fue traducido,
le di amabilidad al espanto
aplacé todo lo que pude mi gracia: ya fui,
la nena abandonada, la piba herida, la mujer sola.
Mis parásitos fueron eficaces,
arañaban a destajo la poquita carne
prendida al brillo. Fui precisa en el dolor,
pero ya no puedo con esta lealtad
ser la adelantada, la divertida, la complaciente;
pronuncié la paz por imitación
usé el nombre del amor en vano
¿cómo explico el calor?
las palabras que me faltan son hermosas,
necesito aprender lo que nunca sentí,
lavarme la boca con jabón
antes de anunciar las buenas.
La traición (Raz, 2021)
Patricia González López (1986. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina). Escritora, comunicadora y gestora cultural. Es autora de Maldad, cantidad necesaria (2013), Doliente (2016), Otro caso de inseguridad (2018), La traición (2021) y Llegué cansada a la felicidad (2026), publicados en Argentina, España y Francia. Fue jurado de la categoría Poesía del Concurso de Literatura, Teatro y Música de la Ciudad de Buenos Aires en los bienios 2014-2015 y 2018-2019. Realizó columnas de difusión de poesía en radio y antologó Esto pasa, poesía en Buenos Aires (2015). Actualmente radica en Libertad, Merlo, Buenos Aires, Argentina.