
Ch’aqa qak’, k’ax k’ak’a’ ch’aq; ri kame’ac ri alaxik re ri achi unojirib’al, ri achi uyawalib’al ri winaq.
(De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados).
Popol Vuh
A las infancias trans.
Yo fui un niño
que no supo nombrarse
porque mi carne, tierna y brava
era de un maíz equivocado;
para cuando mis ojos
cenotes de melancolía
alumbraron los cuarzos de la conciencia
mi masa, aún caliente
ya no dejaba mutilarse
daba señales ineludibles
de un traidor
al que hay que tenerle
mucha paciencia
si encima no se pretende
ser su asesino
qué cansancio
¿será que el milpero
sembró la semilla errada
o quiso darme piel doble
de tortilla cicatrizada?
uno termina acostumbrándose
a caminar con lo que cuelga
entre
las
piernas
mientras los años siguen
inflamando la superficie
de nixtamal eréctil.
A veces un alma cae
en la milpa incorrecta
y su olote
canta con el viento
los sonetos de la tierra
otras almas
son de metate
pero su útero caliente
solo quiere ser mazorca
y llora, tirando granos al olvido;
qué le vamos a hacer al niño
qué le vamos a hacer a la niña
si la molienda amarga
se mira ajena ante un espejo
de pellejo roto
y ojos astillados.
En el surco de las posibilidades
los riachuelos crecen
mis raíces venenosas
a unos terrones
que no les pertenecen
mis senos
no se abultan
y mi tórax
es deforme como las rocas de jade
y la abertura
no llegará
con el colibrí de las mañanas:
no saldrá de ella
el cantar de las mujeres.
Así vine
quizá de un pueblo de criaturas
a las que otro sol quemó;
qué le vamos a hacer al niño
qué le vamos a hacer a la niña
qué seré, qué seré…
… ¡pues fiesta,
y danza,
tejedora de destinos,
aquel colibrí
que llevó mi mensaje
a la tierra de las diosas
y un ramo
de mazorcas irisadas!
Mi abuela duerme
entre el naranjo y las albahacas
y siempre cierra con llave
su cultivo de silencios.
Ahí, el endometrio
inflama inadvertido sus paredes
y acoge sus rabias contenidas;
hay una falta de hemoglobina
en aquella habitación
que perpetúa
la clausura de los labios.
Lo no dicho pudre la raíz;
vagina y ovarios
son palabras en cursivas
muy oscuras
para los hombres que flanquean
la casa de mi abuela.
El útero en su garganta;
la desesperanza
no se le nota en la cara
mientras sigo
el rastro viscoso
de los quistes en su voz.
En el patio de mi casa
ocurren cosas inefables.
Escuché que una orquídea
murmuró mi muerte
al oído de la lluvia
para aliviar el miedo
corté sus flores
maceré sus hojas
y aún guardo las raíces
en mi alacena de remedios:
ofrendé a la lluvia
una muerte vegetal
que apacigüe su ponzoña
y compre su silencio.
Veo pájaros
que abrevan
mis heridas
me pregunto
si pensarán en la infinitud
irreal de su dolor
para no dejar de aterrizar en ellas
viniendo de tan lejos
quizás un día
encuentren tierra
donde la sed de sus picos
remueve las costras
del alma.
Sucio,
moriré con la arena del mar
con el olor de la lluvia
el mirar de un niño
mirar otras olas
otra cuerpa
moriré.
Omar Gutiérrez (1991. Tepehuaje de Morelos, San Martín Hidalgo, Jalisco). Poeta. Licenciado en Turismo en la Universidad de Guadalajara. Ha tomado cursos en Análisis literario y redacción en la SOGEM Guadalajara y un diplomado en Expresión oral y escrita en el ITESO. Su obra explora el cuerpo, la sexualidad, la identidad y la relación familiar. Actualmente trabaja en su primer libro de poesía, Aterrizaje en el vacío. Recientemente obtuvo el primer lugar en los XVI Juegos Florales de Encarnación de Díaz, Jalisco, con el poema Imperfectx, donde aborda la disforia de género desde una mirada íntima y contemporánea.