Melissa Niño. Foto: Miguel Asa
Melissa Niño
Puerto Vallarta, Jalisco, México

Balada del árbol y la sombrilla

Ya me resigné a que los pájaros
hablen a nuestras espaldas: él
es un árbol y yo una sombrilla.

Anclado al suelo trasero de un patio,
nos vemos devotamente
desde mi morar desarraigado
en una azotea vecina.

Noche y día, respondo
con frustración
de niña en muletas
a la agitación de sus ramas,
que no alcanzo, ni me alcanzan.

Extraños en la casa del mundo,
somos cultura y naturaleza
en perfecto matrimonio
sin testigos.

Copas de galeana

La relación con un árbol suele desarrollarse a ras de tierra, pero no con esta galeana de la que nunca conocí su tronco. No supe si estaba pintado de blanco. No supe si el amor adolescente le dejó heridas difíciles de cerrar. Ni en dónde nacía el primero de muchos brazos que sostuvo las piñatas. Sólo conocí la multiplicación de sus brotes flotando en la timidez sonrojada de una copa en brindis con el cielo.

Cordón umbilical

El nuestro era un tejabán en toda regla, con techo a dos aguas, aleros a dos metros del piso, fachada de ladrillo encalado y una vieja puerta de madera. No sé si alguna vez se cerraba esa puerta, pero no hacía falta: la oscuridad dominaba, invariablemente. El tejabán era más bien un cordón umbilical por el que fluían la luz y el agua hacia las matas que no conocíamos el miedo.

El remedio contra la ansiedad

Durante años me ha cautivado
el primer plano de cuatro mujeres
envueltas en túnicas amarillas
que encomiendan sus cuerpos
a la química turquesa del agua.

El corazón azuzado por el pánico
y no el bidón con tapadera roja
que cada una sostiene sobre su pecho
es su verdadero salvavidas.

Mas no es la circunstancia
de por sí maravillosa de verlas
aprendiendo a nadar lo que me cautiva,
sino aquello que la fotografía esconde:

el esfuerzo con el que decididas
cierran sus ojos

la certeza de morir que aceptan
como cuota para no hundirse.

La rama vieja

Aunque las nubes
apuran el paso
con su trama
de luces y distancia,
yo me quedo aquí
intentando comprender
qué le hizo falta
qué me faltó brindarle
a esa rama de buganvilia
que se niega a caer
y cuelga
                   rota       toda posibilidad de botones en ella
                                toda posibilidad de trascendencia

en esa rama vieja
en la que aún
se posa algún pájaro.

Melissa Niño (1984. 5 de Diciembre, Puerto Vallarta, Jalisco, México). Poeta, lingüista  y doctora en Ciencias sociales, con especialidad en Antropología social por el CIESAS. Autora de los libros de poesía La hélice en rojo de mi corazón gravita (2022), Dorsal atlántica: expediente sobre los suelos oceánicos (2023), El silencio de los tejabanes (2024) y Sin detenernos (2026). Su trabajo ha sido reconocido con el II Premio de Literatura Hugo Gutiérrez Vega (2018), Letras Saladas (2019), Voces Nuevas XXXIII (2020), el Premio XU como Poeta en Desarrollo de Proyecto Ululayu (2023) y el reconocimiento 100 Mujeres Jaliscienses Impulsando la Cultura (2025). Asimismo, ha recibido apoyos a la creación como FONCA Jóvenes Creadores 2019–2020, PECDA Jalisco 2020–2021 y Proyecta Producción 2023.