
Variación respecto de April Fool de Patti Smith
a Kimrey Anna Batts
Así es como se monta una bicicleta, me dirás.
Y yo asentiré porque no sé de qué se trata.
Y yo aprenderé a caer a través de miles de vueltas,
a través de miles de tropiezos. Con o sin ruedas
porque también se puede volar en las bicicletas.
Yo he volado hacia distintas partes del mundo.
Yo he nacido en distintas partes del mundo.
Porque todos los mundos caben en mi mundo.
Pero en ninguno de ellos evito las caídas
mientras monto una bicicleta.
Tú has viajado más que yo en tu bicicleta.
Has recorrido carreteras infinitas, rutas playeras,
y bulevares tercermundistas. Tú has visto el
horizonte y habrás comprendido cómo se oscurece
el mundo. Todo, en tu bicicleta.
Yo, a duras penas, he visto mi nariz llena
de sangre luego de caer de bruces contra
el pavimento. Yo, a ciencia cierta, arreglé
mi nariz tronándola para que se quede en
su lugar. ¿Cuál era su lugar? ¿Cuál es mi lugar?
Yo he volado con mi bicicleta porque lo
único que sé hacer es caer. Yo he caído con
mi bicicleta porque lo único que sé hacer es
congelar el periodo de vuelo. Ese, donde el
infinito y el miedo caben en un tropezón.
Yo caí en un parque de Quito, que más bien
es un aeropuerto. Y también en el Ring de Viena,
que más bien es un bulevar. Yo caí en La Marca
y en el Bicentenario. Caí en ambos hemisferios.
Pero no me levanté en mi mente, ni en el tiempo.
¿De qué sirve levantarse si vamos a volver a caer?
¿De qué sirve caerse si tendremos que levantarnos?
Las preguntas siempre son más necesarias que las
respuestas. Pero eso, yo ya lo sé. No necesito
preguntarte más. Las respuestas están condenadas
a ser parciales, como las caídas, como los poemas.
Las preguntas están condenadas a los intentos
y, por ende, a los fracasos. Pero eso, tú ya lo sabes.
Así es como se escribe un poema, te diré.
Y tú asentirás, riéndote, porque sabes que
aprender a andar en bicicleta nunca se olvida.
Yo me reiré porque sé que escribir poemas es
como a aprender a montar en bicicleta
y caerte en cada uno de tus intentos.
Pintura mal escrita mi memoria (Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar, 2024)
Este poema no es un poema.
De hecho, tampoco podría decirse
que es una ceremonia funeraria.
Este poema no es un poema.
Más bien, es un jardín
lleno de mangos y aguacates.
Los mangos del jardín son agrios
y los aguacates son pequeños.
Nadie quiere consumirlos
porque solamente sirven para
adornar el paisaje.
No son unas buenas frutas, ni siquiera
podrían resultar buenos ingredientes
secundarios. Solo son una bonita postal.
Una bella foto para los extranjeros que
provienen de países donde no crecen
ni los mangos, ni los aguacates.
Debajo de los árboles de mango,
y también de aguacate, suele haber
cuerpos enterrados.
Digo, siempre hay cuerpos enterrados
en todas partes, pero más aún
debajo de estos árboles.
Es por eso que su sabor es agrio.
Es por eso que su fruto es pequeño.
¿Quizás los cuerpos enterrados fueron agrios
o, en su defecto, fueron muy pequeños?
No lo sabremos nunca porque desenterrar
los cuerpos que están debajo de los árboles
no está permitido en ese jardín para extranjeros.
No lo sabremos nunca porque ser un cuerpo
extranjero tampoco está permitido en ese
jardín lleno de árboles de mango y aguacate.
Lo que sí sabemos es que
a los extranjeros les gusta sentarse
en una mesita debajo de los árboles
para jugar ajedrez o tomar café mientras leen
las noticias de la mañana
(o de ayer, si fuese el caso).
Lo que los extranjeros no saben es que,
cada vez que un mango o un aguacate les cae en la cabeza,
es una clara señal de que alguno de los cuerpos
los está saludando o les está pidiendo que se marchen.
Ellos no entienden y por eso no se van.
Ellos no entienden porque no hablan español.
No comprenden lo que les dicen los muertos.
Tampoco hablan el idioma de los jardines,
ni el de los mangos,
peor aún el de los aguacates.
Breves escenas de irrealismo suburbano (La Caracola, 2023)
Ser un mapamundi.
Ser un país que no exista en el mapamundi.
Ser un país inventado.
Ser algún mapa que exista en algún mundo.
Soy un mapa que se cree país.
Soy un país que no cabe en un mapa.
Soy un dibujo dentro de un país.
Soy un dibujo dentro de un mapa.
Los mapas no son territorios habitables.
Los países habitables no están en los mapas.
El lugar donde habito no cabe en un mapa,
ni en un país, ni en un territorio.
Quiero habitar un mapa imaginario.
Quiero imaginarme teniendo un mapa
que me guíe en este momento,
a mitad del camino de mi vida.
Reconozco
mi cabeza y mis ojos
gracias a mis manos.
Mis ojos son mis manos.
Mis manos quieren ser mi cabeza.
Mis ojos recuerdan un mapa
que tenía cuando era niño.
Venía en el álbum del mundial 1994.
Mis manos querían vivir en Yugoslavia.
Mi cabeza quería ser los límites de Yugoslavia.
Yugoslavia es un país que ya no existe,
al igual que su selección de fútbol.
Mi mapa se ha convertido
en un territorio habitable obsoleto.
Yugoslavia se partió,
al igual que mis manos.
El contorno al que llamé país
es ahora un mapa mental,
es ahora un dibujo donde
ya no cabe más realidad.
Mis manos son Yugoslavia.
Yugoslavia es un papel
que pensó que era un mapa.
Mis manos arrugan ese papel
y lo lanzan a la basura.
Quizá mis manos sean
el único país que me queda.
Quizá mis ojos sean
el único mapa que existe.
Quizá mi cabeza sea
lo único que lo habita.
Breves escenas de irrealismo suburbano (La Caracola, 2023)
para bruce batts, in anti-memoriam
qué es realmente un punto ciego, qué es realmente la memoria
de un ciego, de un punto, de un parque o de un caballo, qué es
realmente un poema, qué soy yo, qué es lo que recuerdo de mí
mismo, ¿soy mis recuerdos, acaso?, ¿soy un acaso, recuerdos?,
busco siempre los puntos ciegos, ocultos, hermosos y tenaces,
porque solo desde ellos puedo observar, ser panóptico, cruel
o dinamita, solo desde ellos conozco mis limitaciones reales,
y acaricio, quizás, un sentido de pertenencia mucho mayor que
el de mis pasos, mucho mayor que el de mis palabras, porque
las cenizas esparcidas en el desierto son las dunas que miras,
y las ruinas que ves soy yo, yo y todos mis cuerpos, cuerpos que
han sido entregados por vosotros para el perdón de mis pecados,
para exhumación, distinción y recuerdo, porque este punto ciego
desde donde miro no me deja saber quién es el caballo muerto
que da paseos por las noches, sumando sus palabras a las mías,
en otro idioma, por su puesto, en uno que comprendo pero que
no domino del todo, en uno que me ata, cabizbajo e hirsuto,
cada noche, en cada nicho, en cada búsqueda de un sabueso,
en cada hueso salubre, en cada sabor a hueso, y que no huele
a residuos de memoria, porque lo que recuerdo de ese caballo
no es verdad, porque los caballos muertos son lugares en los
poemas, porque los poemas son caballos muertos que vagan
por los ríos, por los desiertos, por los parques estatales, por los
cielos estrellados, para encontrar algún rastro de sus cenizas,
y poder reconstruirlas, y armarse a sí mismos como los relatos
maravillosos que son, donde sus patas y sus crines tengan mil
colores, donde sus colores tengan miles de palabras, donde sus
palabras tengan toda mi ceguera, recuerdos, poemas y cenizas,
porque un caballo muerto es una canción en el desierto, pero
el recuerdo de un caballo muerto es el desierto de este poema
lírica fracturada para traductores tristes (Municipalidad de Cuenca, 2021)
yo
minoría absoluta
con pasaporte de la comunidad andina
nací en los 90
década de mierda
el año en que cobain se mató
y los hermanos gallagher
lanzan el primer álbum con oasis
las guerras yugoslavas continuaban
y el mariscal tito
no le temía a nada / ni a nadie / ni a sí mismo
79 muertos y casi 200 heridos
en el mercado central de sarajevo
juan pablo ii les prohíbe a los curas
la militancia política y sindical
–¡imagínense un cura rojo y sindicalista!–
debió haberles
vetado también
del rock alternativo
de las marchas lgbti
de la policía / de la poesía
al fin muere richard nixon
mandela se come y vomita al apartheid
sobre los desiertos de sudáfrica
baggio falla el último penal contra taffarel
y brasil lograba ser campeón del mundial
maradona se va expulsado del torneo
por consumo de efedrina / pero eso no importa
porque en argentina hay una iglesia en su nombre
ahora existe una sola alemania
die übermenschen sind wieder da
(dentro de algunos años
merkel nos lo recordaría mejor)
kenneth koch gana dos premios de poesía
por ser un poeta que no se tomaba en serio
(esto sí merece aplausos por parte del público)
kenzaburo oé se entera de que ganó
el premio nobel de literatura pero eso
no hará que su hijo deje de ser autista
ya existen destellos de los
ataques islámicos en francia
24 de diciembre una fecha hermosa
para secuestrar air france
un año de mierda / como cualquier otro
no sé porque hago tanta alharaca de esto
39 poemas de mierda para mi primera esposa (Turbina, 2018; Ed. Liliputienses, 2020; Mantra Ed., 2020)
Juan Romero Vinueza (1994. Carcelén, Pichincha, Quito, Ecuador). Estudiante del PhD en Romance Languages en la University of Michigan, Ann Arbor (Estados Unidos). Ha publicado Revólver Escorpión (Ecuador, 2016), 39 poemas de mierda para mi primera esposa (Ecuador, 2018; España, 2020; México, 2020), Dämmerung [o cómo reinventar a los ídolos] (España, 2019; Ecuador, 2021), lírica fracturada para traductores tristes (Ecuador, 2021), Breves escenas de irrealismo suburbano (Ecuador, 2023) y Pintura mal escrita mi memoria (Perú, 2024). Compiló, con Abril Altamirano, Despertar de la hydra: antología del nuevo cuento ecuatoriano (Ecuador, 2017). Ganador de los Fondos Concursables 2016-2017 del Ministerio de Cultura y Patrimonio de Ecuador. Mención de Honor del Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade 2019. Ganador de la Convocatoria Editorial 2021 del Municipio de Cuenca. Ganador de los fondos editoriales de la Secretaría de Cultura Quito 2023. Ganador del I Premio Internacional de Poesía de la AHLIST y el Centro de Estudios Literarios Antonio Cornejo Polar.